Imma Monsó


Acaba de publicar una novela, Un hombre de palabra, en la que una mujer se replantea su vida tras la muerte del marido, y, a la vez, recuerda cómo fue su existencia con él. La ausencia y la presencia, que además la autora propone al principio como dos posibles lecturas independientes. Por un lado una para aquel que quiera leer una historia de amor, y por otro, la historia de una muerte y la posterior reestructuración de una vida. La novela es tan triste, tan dura y tan realista, que huele a autobiográfica. Y caigo en la cuenta de que, la primera vez que entrevisté a Imma Monsó, hará unos dos años en Kosmópolis, un festival de literatura organizado por el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, me sorprendió la manera en que, de pronto, sin conocerme de nada y sin ser tampoco necesario, me espetó que su marido había muerto hace poco.
La recuerdo muy catalana, más delgada que ahora, con ropa clásica, el pelo largo, y muy seria. Esta vez va vestida de sport, con un pelo más desordenado y ropa caliente, supongo que lo más cómoda podible para afrontar el deambular todo el día por el hotel Bouza, pasando de una a estancia a otra, según dónde el periodista elija para hacerle la entrevista.
Me acerco, la saludo, le digo que me ha gustado mucho el libro y que ésta es la segunda vez que la voy a entrevistar, y hace, muy educada, como que se acuerda de la vez anterior. Me pregunta qué tal va el programa, y me asegura que ella antes lo veía, pero que ya lo emiten demasiado tarde, lo cual es una pena.
Este libro cuenta, por un lado, el duelo de una mujer ante la muerte de su marido, y por otro, la historia de amor, o sea, su vida en su presencia.
Curiosa estructura...
Sí, de hecho, el libro se podría decir que son dos libros en uno: uno es la historia de amor intensa, que dura 16 años, hasta el final. Y el otro es la historia de un duelo, desde su muerte hasta ahora. Que, de hecho, han pasado ya casi tres años. Yo quería que esto se prolongara en el tiempo, porque para que una catarsis se convierta en literatura es necesario tiempo. Es necesario encontrar una fórmula.
(Habla muy deprisa. Y mueve continuamente las manos, se toca el pelo, cambia de postura...) Es autobiográfico, claro...
Pues sí. Sí. Vamos a ver, ha sido un proceso muy curioso que me ha hecho pensar muchísimo en los límites entre realidad y ficción, porque yo nunca había hecho un libro cien por cien autobiográfico, aunque siempre había utilizado mi vida como materia literaria. Entonces, en este libro, por diversas razones, yo no me quería apartar de ningún hecho real, o sea, no quería modificar ni un dato, ni una frase que él hubiera dicho, o yo... Y esto fue un poco... un poco por mi hija, no? Por el intento de reconstruir ese padre que ella no iba nunca a conocer puesto que tenía siete años. Y para recrear esta atmósfera, pues claro, tenía que ser también sin ninguna invención, porque claro, una vez ahí, todo podía ser ya inventado. Y sin embargo no podía ser esa catarsis en bruto, esas 600 páginas que yo tenía al cabo de seis meses y que no eran literatura en absoluto. Entonces es interesante darse cuenta de que, pese a todo, le encuentras ese punto que yo reivindico como literario, no? Es decir, que si hay que elegir algún tipo de etiqueta para este libro yo prefiero la de novela, porque lo que se cuenta, es decir... a la novela no la llamamos novela porque lo que se cuenta sea inventado, sino porque el cómo se dice, es literal. Yo ahí encontré... en un momento dado surgió mi estilo habitual, es decir, la mirada irónica, el humor... y a partir de ahí, la escritura se convirtió en algo donde el placer dominaba sobre el dolor. Porque a partir de ahí es como puedes realmente llegar al lector. Paradójicamente es eso lo que conmueve al lector, lo que le hace pensar, lo que le emociona, lo que le ayuda... pero eso es cuando has encontrado el tono literario, porque la conmoción, la emoción en bruto no aporta nada.
Y cómo decide uno que un libro como este ya está terminado. Cuándo llega ese momento. Cuándo decides que eso es lo que querías tener.
Verdaderamente, uno se da cuenta de que un libro empieza y de que un libro termina, de forma bastante... por lo menos yo, de forma bastante mística, o sea... no te sabría decir. No hago planes en este sentido, utilizo un mecanismo que siempre consiste en suprimir y suprimir. Tengo mucho más los primeros meses que al final, entonces creo que yo, por ejemplo, una de las virtudes litetarias, consiste en seleccionar. Si hay una anécdota entre mil que puedas seleccionar, y que ilustre rasgos de su personalidad, pues con una es suficiente, no hace falta abundar y contar diez. Claro, eso se podría haber contado en un libro de mil páginas. Pero la literatura yo creo que precisamente ha de ser destilar la vida. Para reflejar la vida, hacemos un diario. Pero un libro que tenga algo de literario ha de captar esa esencia, que te recree esa atmósfera.
En el libro hay una propuesta de lectura. Se pueden elegir los capítulos sobre la presencia de ese hombre, o leer solamente los de su ausencia, mucho más duros...
Es posible, es una declaración de intenciones desde el principio, una declaración muy franca de intenciones. En parte, lo de la parte A y B fue más para complicarme un poco la vida, para que el libro me durara y me durara a medida que se hacía el duelo. No con otra intención. Pero luego, como pasa mucho literariamente, resulta que luego te das cuenta de que ha sido una buena acción, de que las partes encajan de una manera que yo no había previsto, es decir, que las partes más duras al principio son iluminadas por la otra parte, y viceversa. Y al final, la parte del duelo que se va de alguna manera asumiendo, superando y haciendo más alegre, e ilumina la parte de la historia de amor final, que es más melancólica.
El libro no está dedicado, ¿es para ti?
Yo nunca he dedicado los libros, es algo que tengo por norma no hacer. A mí me parece que un libro, en cuanto se ha acabado, es del lector. El lector lo reconstruye, hace su experiencia con él, y ya deja de ser del autor. Hace muchos años, recuerdo, un adolescente escribió una carta a un periódico diciendo: “Me fastidia mucho que los libros estén dedicados a alguien porque cuando me compro un libro, es para mí, y sólo para mí”. Y pensé “no está mal la idea”, porque en realidad es para el lector el libro. Cuando un autor dedica, ya sabe perfectamente a quién dedica y aquel a quien está dedicado también lo sabe, no hace falta más. Y como además yo siempre he utilizado como materia literaria mi vida, es decir, todos los libros de alguna manera... yo empecé a escribir a raíz de conocerle, es decir, que esa cuestión está clara. Y cómo vas a dedicar, si los escritores estamos robando gestos y palabras y cosas de los que tenemos alrededor, que nos inspiran.
Cuando escribes, ¿qué lees?
No, normalmente no suelo leer cuando escribo. Voy leyendo, empiezo a escribir, y al cabo de un tiempo estoy demasiado absorta en lo que escribo como para leer. Entonces luego llega una etapa en la que vuelvo a leer.
El libro está lleno de referencias musicales.
Aparece, es verdad, mucha música porque él era un ser musical por excelencia. Aparece música, aparece filosofía… Yo creo que este libro tiene mucha cosa, no? Me he dado cuenta en las entrevistas que había como diferentes formas de captarlo. Gente que llora mucho, gente que se reía, gente que le interesaba mucho por la forma de llevar un duelo y de superarlo, o de contar la muerte a los niños, etc, etc, y otros interesados por la historia de esa atracción que parece que no se consumía nunca, lo cual siempre es raro. Así que yo creo que el asombro, la rareza, es muy importante, literariamente es una gran fuente de literatura, porque contar las cosas sin la emoción no tiene mucho sentido, pero cuando esto te asombra, empiezas a buscar por qué te asombra, por qué te extraña, y ahí es donde la cosa adquiere algún interés, para ti y para los demás también. El asombro que te produce, por ejemplo, sobrevivir a algo a lo que no creías sobrevivir en absoluto. Entonces tú estás tan asombrada que no puede ser más que fuente de preguntarse y de reflexión sobre ello, el asombro que te produce una historia de atracción que dure muchos años, puesto que normalmente, a mí lo que me parece raro es que las historias de amor duren. Porque lo natural es que empiecen y se mueran, como todo en esta vida, tarde o temprano, bueno… más temprano que tarde. Entonces todo eso que te produce asombro es un buen motor literario.
¿Has necesitado tiempo para parar y reflexionar entre lo que te estaba sucediendo y el proceso de escritura?
Sí, sí. Después, digamos, del acontecimiento, se produce un estado muy extraño, apocalíptico, interior. Normalmente hay una catarsis, hay quien no puede hacerla, hay quien se queda en un silencio paralizante, pero yo creo que la gente que somos de palabras, lo que se hace normalmente es verbalizar. Yo, como soy de palabras, pues hubiera hablado mucho, mucho, y para no dar la paliza excesivamente, pues escribes. Cuando escribía en esos primeros meses, precisamente mi idea era que nunca más iba a escribir, quiero decir escribir para publicar. Y fue al cabo de unos meses cuando vi que se podía producir esa mirada literaria. Entonces es cuando empiezas a ver que puede tener algún valor literario, y por tanto puede interesar a alguien más.
¿Dónde escribes? ¿Dónde estabas sentada?
Yo escribo en la cama. Me encanta la cama para casi todo, y escribo en la cama de forma muy cómoda. Necesito esta especie de refugio muy cálido para escribir. Nunca escribo en otro sitio. Tampoco nunca tomo notas, por ejemplo. Siempre pienso: “lo que merezca la pena, quedará”, y si no, es que no merece la pena. En cuanto a la biblioteca, la verdad es que había, por parte de mi marido, había una gran biblioteca sobre todo de ensayo, puesto que él se dedicaba a la filosofía, entonces hay muchísimos libros clásicos, muchísimos libros de ensayo, y de hecho, yo ahora de hecho leo más ensayo que ficción. Pero vamos, yo diría que es bastante heterogénea mi biblioteca.
¿Y está ordenada?
No, por desgracia. En absoluto. Bueno, a ver… si hay algún orden fue el que puso él. Yo tiendo a desordenar, como un ciclón, cada vez que paso. O sea que ordenada no se podría decir que estuviera, pero en todo caso estaría ordenada por periodos o ese tipo de asociaciones.
¿Escribes sobre los libros? o los cuidas mucho, los respetas mucho…
No, en absoluto. Siempre he considerado el libro como algo tan íntimo y personal, algo con lo que estableces una relación tan especial, que a veces me parece un poco obsceno eso de prestar los libros. Yo siempre que doy un libro lo compro, siempre. Estableces una relación muy personal con los libros. Hay gente que hasta sabe reconocer luego ese libro… yo por mi parte, suelo subrayar mucho, y en ese sentido no tengo un respeto, no los sacralizo, no, como objeto no tengo ese respeto.
Y ya para terminar, ¿nos podrías recomendar dos lecturas?
El libro de Sergi Pamies, que es un autor cuya mirada me gusta, entonces cualquier libro suyo me gusta, pero éste está ahora en Cataluña teniendo mucho éxito y si no se ha traducido ya se traducirá en breve, el título es algo así como Si te comes un limón sin hacer muecas, son cuentos. Y otro que recomendaría es Historia del amor de Nicole Krauss, un libro que salió este verano en Salamandra, y que me dejó bastante impresionada.

almu dijo
Noviembre de 2006. Hotel Bouza. Calle Goya.
13 Diciembre 2006 | 07:57 PM