Andrés Neuman
Este autor nació en Buenos Aires en 1977, pero vive en Granada. Acaba de publicar Alumbramiento. La entrevista sucede en la Librería Rafael Alberti, rodeados de libros, el lugar no puede ser mejor.
¿De dónde sale este libro? ¿De dónde viene la idea?
Bueno, el libro, como todos los libros de cuentos, tiene una aparición progresiva. Va asomando la cresta en determinados momentos hasta que vas viendo un conjunto. Pero quizás la parte más orgánica, que es la primera, el repertorio éste de relatos protagonizados por hombres que tienen algún tipo de crisis o de conflicto con su rol tradicional masculino, eso fue surgiendo conforme iba yo conversando con amigas, o leyendo material sobre tema de género, y me iba dando la impresión de que se podía enfocar también desde una perspectiva masculina. Es decir, que el pensamiento de género no necesariamente implica una cosa sólo de mujeres, género precisamente tenemos todos. Incluso era hasta conveniente que el personaje masculino se reformulase también su rol, no? Al fin y al cabo ni siquiera la cuestión depende tanto del género del personaje, porque es posible hacer un libro plagado de personajes femeninos espantosamente machistas. Entonces me pareció que desde mi condición de hombre podía ser interesante absorber de algún modo aquellas enseñanzas de mis amigas con esas lecturas que me iban dando, y ver qué salía. Esto, ya te digo, fue progresivo, se convierte en un plan al final del proceso de escritura, que es lo que pasa con todos los planes, que te los encuentras. No te dan órdenes.
¿Qué lecturas son esas de las que hablas?
Pues son tanto lecturas de poetas mujeres, como de teóricas. Yo siempre he sido muy fan de Susan Sontag, que era muy incorrecta sobre los temas de género pero a la vez pertenece a los estudios de género. Y sobre todo tengo una amiga que estaba estudiando a las poetas argentinas de los años 80 y comparándolas con las españolas, y eso me hizo pensar mucho porque no son iguales tampoco las perspectivas.
Normalmente tú que lees cuando estás escribiendo. ¿Filtras algún tipo de lectura?
Yo creo bastante en las casualidades de las influencias. Yo creo que las influencias son, no tanto un programa estético, como una especie de itinerario tan azaroso como las propias experiencias vitales. Creo que los libros te los encuentras igual que las personas. Sería tan absurdo decir “voy a dejarme influir ahora por esto y por esto” como decir “a partir de ahora voy a conocer a gente rubia, que sea de clase media alta y que me trate muy bien”. Entonces, cuando estoy escribiendo un libro y se me cruza, de manera aparentemente casual, una lectura o alguien me sugiere algo, yo, un poco supersticiosamente, y aun así es como me equivoco y no me sirve en absoluto, me aferro a esa recomendación o a ese cruce, y rápidamente voy a él con la confianza un poco austeriana de que eso me va a nutrir de algún modo para lo que estoy escribiendo. Así que hago, de algún modo, lo contrario de lo que algunos amigos, que prefieren prescindir de ciertas cosas. Yo confío más en el revoltijo, en ese sentido. Lo que sí hago obviamente es nutrirme de las lecturas que me van a servir de documentación o de información complementaria a la escritura, eso por supuesto. Pero no elijo ninguna lectura a priori porque cualquier cosa me puede servir.
Cuando escribes poesía ¿lees poesía?
Sí, sí, y la verdad es que más, incluso, te diría. Sobre todo con la poesía. Cuando uno está escribiendo, no sé si lee más de ese género, no sé si eso ocurre en la novela o en el relato breve, pero definitivamente a mí con la poesía me pasa. Quizá porque la poesía es un estado musical muy específico, que no tiene que ver ni siquiera con la sintaxis oral que normalmente empleamos, y que de algún modo se transpira a la prosa hoy en día. La poesía, como tiene diapasón, que va o viene, supongo que estando en estado lector de poesía, uno está en un estado más propenso, más susceptible de escribirla. Me pasa eso.
¿Cuáles son los escritores que te han ido a ti construyendo?
Puedo determinarlo más como lector que como autor. Aquel adafio de Gil de Biedman de que las influencias se merecen y no se aspira a ellas, creo que es una gran verdad. Si a eso le sumamos al señor Freud, es decir, que las influencias son inconscientes, a veces odias a tu padre y resulta que es tu padre de todas formas... algunas veces uno quiere parecerse a escritores a los que no consigue parecerse. Así que prefiero decir cuáles son como lector, y no cuánto influyen como escritor. Hay un poeta que a mí me parece de una potencia vigentísima y que me conmueve muchísimo a través de la experimentación, que es César Vallejo. Creo que reúne los dos polos que en general viven divorciados, porque parece que tienes que elegir, o entre la experimentación y la vanguardia, o entre una confesionalidad más emocionada. César Vallejo consiguió hacer vanguardia emocionante, yo me saco el sombrero y los pantalones, vamos. Rilke es otro de mis autores favoritos, siempre hablando de poesía. Como novelista, en los contemporáneos me interesan, de los ingleses, Ian McEwan, mucho más que sus compañeros de generación como Barnes, Amis... Creo que Ian McEwan es el que más me gusta. En clásicos, no mencionaré a Borges y a Cortázar, y así ya los he mencionado, ni a Kafka, que ya queda mencionado, pero sí me gustaría decir que tengo mucha predilección por mencionar autores no tan conocidos y que puedan servir de sugerencia de lectura. A Flannery O’connor, a quien admiro muchísimo, me parece una narradora extraordinaria, y a Curson McCullers, que es un poco más conocida por el tema del cine. Creo que esas dos autoras, sin ninguna duda, están a la altura de sus pares masculinos, y bueno, por el tema del canon y demás, parece que juegan en una segunda división. Pero no creo que Truman Capote o Faulkner tengan nada que enseñarle a Flannery O’connor o Curson McCullers. Esas son algunas, te podría decir miles, pero entonces no acabaríamos nunca. Bueno, y como cuentistas raros, quisiera insistir en Filisberto Fernández, ese señor muy admirado por muy poca gente. También me gusta mucho Virgilio Piñera, y en el otro extremo del lenguaje, Clarice Linspector. En realidad, imaginar la pareja Clarice Linspector- Virgilio Piñera, se me antoja de las cosas más absurdas que se podrían ver en la vida, no ya en la Literatura, sino que estoy deseando verlo. No va a poder ser, por ninguna de las dos partes.
Te gusta mucho escribir en corto…
Yo no opongo brevedad a longitud, sino intensidad y laxitud, si quieres. Yo creo que los novelones de Tolstoi son densísimos, y también hay textos breves que son inanes. Entonces tampoco sería justo que la brevedad te asegure una intensidad. O sea, yo, más que dependencia hacia la brevedad, lo que siento es una necesidad de ser intenso, no sólo ya como autor sino como lector, es decir, le pido una intensidad inmediata al texto, que la mantenga. Eso es difícil de encontrar en la novela, no es imposible. Entonces, el libro más largo que he publicado hasta el momento, creo que tiene unas 250 páginas, es una novela, Una vez Argentina. No sé si eso ya no está dentro de la categoría de libro breve, no lo sé, el caso es que casualmente ahora estoy escribiendo una novela que me parece que va a ser más larga. Pero en absoluto nunca me he propuesto “bueno, Andrés, ya está bien de brevedades, pasemos a una cosa seria”, porque si no, entonces Borges tendría que irse a hacer gárgaras y Carver sería un aprendiz. Entonces no me parece que la brevedad en sí misma esté esperando a crecer. Pero no milito en absoluto contra la longitud, para nada. El otro día releí Rojo y Negro de Stendhal y me quedé más conmovido que cuando tenía quince años. Es un libro espectacular y tiene sus buenas 500 páginas.
¿Hay algún clásico con el que no hayas podido?
¿Un clásico que me de pereza? ¡Hay unos cuantos! Pues… a mí James Joyce me da mucha pereza. No el James Joyce de Los Dublineses, sino el James Joyce del Ulises, claro. Y además esto me encantaría decirlo en una universidad, por molestar, digo. Y también la mayor parte de Cela me produce una sensación de bostezo a priori. Con Cela me pasa un poco como con Umbral, es decir, estoy seguro de que hay un lenguaje riquísimo, pero en seguida me entran ganas de salir a tomar café.
En general, la solemnidad, el exceso de solemnidad, que no es el caso de los dos mencionados, también me disuade. Es decir, a mí me seduce mucho que el autor sea inteligente, pero envolviendo su inteligencia con humor, si no, me aburre. Eso quiere decir pues que excepto que estemos hablando de Tolstoi… Me dan a leer El hombre sin atributos... yo sé que está mal decirlo, pero también me ha costado.
¿Cómo escribes? ¿Dónde?
El lugar donde escribo es itinerante. Yo antes tenía una serie de habituales, cada cual más estúpido, que he ido descartando a medida que yo, como muchísima gente, me he ido volviendo ambulante. Entonces te das cuenta de que esto de poner el incienso, tener la ventana a 60 º abierta, y escuchar una sonata de Schoenberg, es estupendo si estás en casa, pero si estás en un tren, si estás en un café, si estás en un hotel, pero si no, tu actividad literaria queda totalmente desactivada, así que eso al final, por exceso aparente de educación, va contra tu pasión de escritura. Entonces en este momento tengo muy pocas manías de escritura. Cuando tenía 16 ó 17 años… me da un poco de vergüenza contar esto pero te lo voy a contar… Era realmente ridículo. Me perfumaba las manos… (se ríe) con la petulancia metafórica de que las palabras… (se muere de risa)… Dios mío, esta parte… bueno, dejadla, es la verdad. Entonces… esto como extremo ridículo de la cuestión. Era yo un poco demasiado joven todavía… (se ríe) Sigo siéndolo. También me gustaba ponerme música, que también abandoné por lo mismo. Así que ahora sólo quizás tengo dos manías, aunque ninguna es manía obligatoria: una, que tenga mucho silencio o mucho ruido, una de las dos cosas, porque ambas me generan intimidad; y por otra parte, que haya buena luz. Yo noto que cuando hay penumbra, la sintaxis se desvanece un poco. Necesito, digamos, como decía Hemingway, un lugar limpio y bien iluminado. Pero realmente puedo escribir en cafeterías, puedo escribir en cualquier sitio, lo hago, de hecho. Prefiero mi casa, pero no es imprescindible.
¿Cuál es tu canon? ¿Qué es lo que todo el mundo debería leer?
Dicho así dan ganas de decir “¡iros a ver fútbol!”… ¿Cuántos tengo que decir?
El programa dura media hora… (Se ríe) ¿Crees en el canon? ¿Crees que debe haber uno?
Ah, bien, vale. En cuanto a mi canon personal, me pasa como con la masculinidad, el exceso de canon, igual que (se ríe) el exceso de masculinidad… no creo que haya libros de lectura obligatoria. Sí creo que haya libros de lectura muy recomendable. Y también creo que hay autores que tienden a cambiarte la vida. Lo que pasa es que cuando dices que hay que leerlos, yo mismo escuchando ese consejo así, tendría una tentación de no hacerlo. Que es un efecto literario, porque la Literatura tiende a enseñarte el espíritu crítico. Entonces, dicho como sugerencia, a mí, autores que en su momento me cambiaban algo la vida serían Kafka, que no creo que me la haya cambiado a mí, se la cambió al siglo XX. Tengo mucha debilidad por Tolstoi, aunque es una lectura menos recomendable a causa de su espantoso moralismo, que hoy suena un poco más terrorífico, pero aún así. Creo que Borges es un autor, más que recomendable, inevitable. Es decir, Borges tiene tantos hilos sujetos que es difícil no terminar reincidiendo en él. No tanto por cultura general sino porque, como decía Umberto Eco, Borges inventó internet, entonces cuando entres por una puerta, Borges estará. Ese viejo en un sofá esperándote. Así que a Borges lo incluiría. Estaría bien añadir a la lista algunos poetas franceses de finales del siglo XIX. Supongo que a muchos adolescentes les cambió la vida al leer a Rimbaud, Bodelaire… El Romanticismo Alemán también me parece que tiene una tradición que está más vigente ahora que hace 50 años. Pero esta cosa pendular de las bibliotecas, me parece que por ahí van los tiros en parte ahora y me gustaría recomendar a Novalis, a Schlegel, y luego así... de autores más populares... me parece que Italo Calvino es una lectura deliciosa. Y por citar a autores españoles, creo que no hemos ponderado lo suficiente a Ana María Matute. No es que no sea respetada, pero creo que Ana María Matute se merece todavía más. Y además es una cuentista y microcuentista extraordinaria, que tiene un libro que se llama Los niños tontos que es para llorar. Creo que hay un cuentista español que yo recomendaría, aunque no sea un autor universal ni todo esto, que es Bernardo Fraile, que inventó el cuento posmoderno en España en pleno franquismo, y así le va, todavía no nos hemos dado cuenta. E insisto, un etc. tan largo que fastidiaría el programa.
Después salimos a la calle a fumar. Estuvimos un buen rato charlando, y por los alrededores debía haber un incendio, porque olía a quemado y no paraban de pasar camiones de bomberos. Desgraciadamente tuve que salir corriendo porque tenía que medicar al perro a una hora exacta, pero me hubiera quedado más tiempo.
Noviembre, 2006. Madrid.

B. dijo
Esta es muy jugosa. He disfrutado leyéndola; para celebrarlo mañana me voy a buscar algo de Flannery O´Connor.
No hay nada más fascinante que oir hablar a los escritores de sus lecturas. Por cierto, será verdad que todos los lectores tenemos un autor favorito del que nos avergonzamos y algún gran clásico que no somos capaces de leer?. Yo sí; me encantaría hacer una encuesta.
15 Diciembre 2006 | 08:19 PM