Feria Internacional del libro de Guadalajara, México.
Mientras grabamos recursos de la gente, los carteles, los libros… veo a lo lejos a Santiago Roncagliolo con Jorge Franco y Volpi, que se alejan con una de las chicas de prensa de Alfaguara. Me falta por entrevistar al último, y aunque lo hemos cerrado para mañana, salgo corriendo a ver si se la puedo hacer del tirón.
-¡Jorge! ¡Jorge! ¿Qué tal si lo hacemos ahora mismo? ¡Te prometo que seré rápida!
-Emmm… ¿ahora?
-¡Pero Almudena!- dice Roncagliolo- ¿Aquí mismo? ¿Delante de todo el mundo?
-Sí, en un rinconcito, es un minuto, sólo un minuto.
-Guau, Jorge- otra vez Santiago- ¡A mí las mujeres no me piden estas cosas con tanta insistencia en medio de la calle!
Y les dejo riéndose mientras me llevo a Jorge Volpi a un pasillo, y así mañana tenemos el día más tranquilo.

¿Qué te parece la feria de Guadalajara?

Sin duda es una de las más importantes del mundo, porque combina lo profesional con la parte de público. Aunque es el noveno año que vengo, no deja de sorprenderme cómo van creciendo la cantidad de actividades culturales paralelas y la cantidad de público que asiste a todas ellas. En la época que venía sólo como lector, ahora vengo sólo como escritor, la oportunidad de conocer a una enorme cantidad de escritores de todos los países y de todos los niveles, es realmente fantástica. Además me da la oportunidad de reencontrarme con escritores de mi propio país, ya que yo vivo en España.

¿Qué te gustaría recordar del año 2006? ¿Qué te ha parecido el Nobel, por ejemplo?

Bueno, yo creo que se trata de un Nobel perfecto en los términos en que la academia decide los premios. Hay que olvidarse de que se trata sólo de un galardón literario, siempre ha sido un premio que combina lo literario con lo político, y en esta ocasión, el altísimo nivel literario se corresponde con una oportunidad política inmejorable. Un escritor musulmán moderado, de Turquía, que es el único país musulmán laico, que tiene un sistema democrático aunque no demasiado, en un momento en que se plantea el ingreso de Turquía a la Unión Europea, que habla a favor de la tolerancia hacia el mundo islámico, pero que no deja de ser muy crítico con ciertos aspectos de ese mundo, y que no deja de ser una obra literaria de una altura importante, con lo cual lo convierte en un candidato perfecto para el Nobel.

Y ya que vives en España, ¿qué te parece que le hayan dado el Premio Cervantes a Paul Auster? Hay mucha gente que hubiera preferido a Philip Roth.

Yo, desde hace mucho, fui siempre un admirador de Paul Auster, es un escritor que me parece sumamente interesante y sumamente importante, pero creo que sí, su obra literaria está muy lejos de la de Philip Roth.

¿Y toda la polémica que ha surgido alrededor de Günter Grass?

Bueno, es un caso que tiene innumerables aristas. No deja de ser muy extraño que alguien que se asume como conciencia crítica de Alemania haya ocultado este episodio de su juventud que creo que podía haberse dicho en otro momento. Günter Grass sin duda le tocó salvar a la lengua alemana de esa vinculación inevitable con el nazismo. Creo que su obra literaria excede por completo a este apartado moral, pero no deja de ser preocupante en la figura íntima de Günter Grass, sin que eso le quite ningún peso como gran escritor. Esta contradicción entre las acusaciones que hace a los demás, y entre lo que oculta él mismo.

¿Y qué publicaciones te han sorprendido este año?

Bueno, finalmente este año publiqué un libro en el que venía trabajando mucho tiempo, lo cual me ha permitido desde hace tres meses solamente, empezar a leer las novedades de este año. He terminado de leer un libro de James Meek que se llama “Por amor al pueblo”, que me ha gustado muchísimo, y para mí el gran descubrimiento de un escritor mexicano este año es un libro de poesía que se publicó este año, que no ha circulado fuera de México todavía, se llama “Hospital de cardiología”, de Pedro Guzmán, que me ha dejado absolutamente deslumbrado.

¿Cuáles son hoy día tus autores de referencia?

Creo que uno de los más importantes y que yo más admiro es Coetzee. Creo que es sin duda el autor de una de las novelas más memorables de la segunda mitad del siglo XX, Disgrace, “Desgracia”.

¿Me puedes describir el lugar en el que escribes?

A lo largo de los últimos años, desde hace diez años he estado viviendo siempre en lugares distintos, con una enorme movilidad. Primero en España, luego en Francia, estuve una época en Estados Unidos, luego en Italia, ahora fe vuelta en España en San Sebastián, así que para mí es muy difícil reconocer un lugar de escritura. He tenido múltiples a lo largo de este tiempo. Siempre con mis cuadernos, siempre con una computadora, eso sí, más bien las condiciones intento que se parezcan siempre. Desde luego un lugar silencioso, pero siempre pongo música, música clásica, y siempre un lugar donde haya una mesa pero también necesito un espacio realmente amplio para poder darle vueltas, que es una de mis obsesiones.

¿Y tienes cerca una biblioteca?

En este tiempo son los libros que rodearon la escritura de mi última novela, “No será la tierra”, una novela sobre la Unión Soviética y sobre el género humano, de tal manera que a lo largo de estos cuatro años, la mayor parte de los libros que estaban allí eran libros de historia, de biografía, de ciencia, rodeando la computadora en la que escribía.

¿Cómo es tu biblioteca particular? ¿Dónde la tienes?

Tengo una biblioteca finalmente, desde hace unos pocos años, en la Ciudad de México, porque necesitaba un ligar donde concentrar los libros, que normalmente iba dejando en cajas en cada ciudad en la que voy viviendo. Ahora decidí tener una biblioteca en México, sigue muy desordenada, porque no he tenido tiempo, no vengo tanto a la ciudad para tener la capacidad de ordenarla, ahí están mis libros, ahí está mi colección de discos que valoro aún más que los libros, así que todo eso se concentra en México, es lo único que me hace estrictamente mexicano.

Tú perteneces a la generación del crack mexicano, y me gustaría que me explicaras un poco qué es esto del crack, en qué consiste.

El crack es una especie de broma literaria en serio que cinco escritores mexicanos inventamos hace ya once años. Hace diez años lanzamos provocadoramente un manifiesto del crack, en el que queríamos renunciar a la obligación de ser latinoamericanos escribiendo realismo mágico y tratando de vincularnos con la primera etapa del boom latinoamericano. Un movimiento curioso que buscaba esta vinculación, pero que terminó convirtiéndose, debido a muchos malentendidos en la prensa, en un foco de polémica. Sin embargo para nosotros el crack es sobre todo la expresión de una amistad literaria, o del otro sentido, el lugar que hemos encontrado para que nuestra competencia sea siempre leal. El crack lo forman los cinco primeros firmantes del manifiesto: Ricardo Chávez-Castañeda, Pedro Ángel Palou, Eloy Urroz, Ignacio Padilla y yo. Posteriormente se han sumado otros escritores: Alejandro Estivill, Vicente Herraste. Y este año Gerardo Kleinburg nos ha pedido explícitamente que lo incluyamos en el grupo.

¿Cuáles son tus autores de referencia? Lo que sería tu canon

Bueno, mi canon es bastante peculiar porque también, desde niño, o desde adolescente al menos, he leído tanto otras cosas como filosofía, ciencia, historia, tanto como literatura. Pero si nos centráramos en el canon estrictamente literario, por mencionar algunos títulos, mucha literatura alemana, centroeuropea, Thomas Mann, Hermann Broch, Robert Musil, desde luego Tolstoi y Dostoievski, Cervantes sin ninguna duda, Shakespeare de manera constante... estoy diciendo los clásicos que son realmente los clásicos. En el caso mexicano sería lo mismo: Octavio Paz, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, Juan Gacía Ponce, Salvador Elisondo.

¿Y me harías un contracanon?

En el contracanon creo que ni siquiera hay que hablar de autores, sino hay que hablar más bien de quienes banalizan por completo la literatura. De quienes intentan convertirla solamente en un objeto de distracción y de entretenimiento, quitándole toda su carga explosiva, toda su carga subversiva. Podría decir Dan Brown como un ejemplo paradigmático de a lo que me refiero. Que es casi una epidemia que lleva ya varios años inundando las librerías, las mesas de novedades, y desplazando de manera inevitable a muchos otros escritores.

¿Cuál es ese clásico con el que no has podido? Por ahora va ganando Finnegan’s wake.

Claro, eso ya es ir al extremo del límite con la ilegibilidad, el Finnegan’s wake. En mi caso, si pienso en algún clásico que me cuesta trabajo, pensaría mucho más en algunos novelistas franceses, en Victor Hugo, por ejemplo, que era el clásico para mi padre, el gran clásico en mi casa, y para mí siempre fue absolutamente imposible leer Los Miserables, o leer El hombre que ríe, que eran los libros de cabecera de mi padre, quizás por rebeldía, un clásico que para mí ha sido muy dificil.

Para terminar, y volviendo al tema de la feria, me gustaría que me recomendaras dos libros que están en la feria.

Bueno, pues quisiera recomendar dos libros radicalmente distintos y que me ha tocado recomendar en la feria, quizá valga la pena hacerlo así, el libro Zapata, de Pedro Ángel Palou, una biografía casi minimalista convertida en una novela con un estilo deslumbrante, de este escritor de puebla, y para lectores compeltamente distintos que estén buscando un personaje mucho menos típico, la novela sobre el papa Inocencio III que ha publicado Gerardo Arriaga, y que ha tenido, en un año tan politizado como este en Mexico, un extraordinario e inesperado éxito aquí.

Muchas gracias.

Pues encantado.